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Hoja nº 169

Los análisis de poesía popular del

Bachiller Alonso

Hoy:

El vino que tiene Asunción

El vino que tiene Asunción,
no es blanco, ni es tinto, ni tiene color.
El vino que tiene Asunción,
no es blanco, ni es tinto, ni tiene color.

5 ¡Asunción!, ¡Asunción!
echa medio de vino al porrón.
¡Asunción!, ¡Asunción!
echa medio de vino al porrón.

Pobrecicos los borrachos
10 que están en el camposanto
Pobrecicos los borrachos
que están en el camposanto
que Dios los tenga en la gloria
por haber bebido tanto

15 Apaga luz Mariluz, apaga luz
que yo no puedo vivir con tanta luz
Los borrachos en el cementerio
juegan al mus.

Cuando yo me muera
20 tengo ya dispuesto
en el testamento que me han de enterrar,
en una bodega,
al pie de una cuba,
con un grano de uva en el paladar.
25 En el paladar.
A mí me gusta el pin, piribín, pin, pin,
de la bota empinar, parabán, pan, pan,
A mí me gusta el pin, piribín, pin, pin,
de la bota empinar, parabán, pan, pan,
30 con el pin, piribín, pin, pin,
con el pan, parabán, pan, pan,
al que no le gusta el vino, es un animal,
o no tiene un real.

Nota erudita y previa:

El Bachiller Alonso ha encontrado enormes dificultades para fijar el texto que hoy propone: en efecto, el número de variantes y deturpaciones que ha encontrado en las diversas versiones consultadas es numerosísimo aunque, en aras de la claridad y la concisión, ahorramos a los lectores el aparato crítico que ocupa no menos de 22 páginas en interlineado sencillo.

Este bello poema popular nos plantea una cuestión previa que no conviene soslayar. En efecto, hay un problema de localización espacial: ¿de qué zona de España procede este poema?

El diminutivo en -ico es típico de Aragón, Navarra y algunas comarcas del norte de Castellón por lo que nuestra primera hipótesis es – como no podía ser de otra manera – suponer que procede de alguna de las zonas citadas supra, pero, ¿de cuál de ellas? El problema es aparentemente insoluble hasta que observamos los versos 15 y ss. donde la ausencia del artículo (“Apaga [la] luz Mariluz, apaga [la] luz”) nos indica de manera clara que procede de una zona vascongada, ya que los artículos no existen en vasco y este rasgo se aprecia frecuentemente en el español de las zonas de contacto. Es decir, la canción procede de Navarra; del norte de Navarra, para ser concretos.

Esta hipótesis lingüística se ve reforzada por el hecho demostrable de que Navarra es cuna de vinos, y aún diría más, de vinos rosados.

Pero no dilatemos el análisis por más tiempo.

El poema se presenta en versos irregulares con pies infrecuentes en español: 9, 12 y 7 son, en efecto, metros poco usados en la poesía popular. Los versos finales oscilan entre pentadecasílabos y octonarios, así como hexasílabos.

Los ocho primeros versos son monorrimos y, después, se alternan varias estructuras entre las que destaca la elegante rima interna de los versos:

Apaga luz Mariluz, apaga luz
que yo no puedo vivir con tanta luz
Los borrachos en el cementerio
juegan al mus.

Aunque, a fuer de ser sinceros, el rimar una palabra consigo misma no es precisamente un alarde técnico: esa cierta impericia, además del insoslayable ripio que es la aparición de “mus” (otro rasgo vascongado) nos impulsaría a considerarla un rap, si no fuera por el hecho constatable de que los raperos no beben vino.

El poema se divide temáticamente en cuatro partes que denominaremos:

I)                    Cantar de Asunción (Vv. 1 a 8)

II)                  Cantar de Thánatos (Vv. 9 a 14)

III)                Cantar de Mariluz (Vv. 15 a 18)

IV)               Segundo cantar de Thánatos (Vv. 19 hasta el final)

En El Cantar de Asunción el poeta afirma taxativamente que el vino que tiene (o vende según versiones) Asunción carece de color, aunque, pese a ello, el yo poético insiste en que le eche “media” al porrón. Veamos: si el vino no es blanco ni tinto ni tiene color es que es incoloro y, si es incoloro no es vino, es agua. ¿Por qué el yo poético se empeña en beber agua? ¿Por qué no se va a otra taberna donde tengan vino? ¿Es acaso por Asunción? La tal Asunción, en este caso, sería el principal atractivo de la taberna que regenta. Más tarde veremos que es probable que el vino (agua, en realidad) sea una mera excusa para visitar la taberna.

En El Cantar de Thánatos aparece con firmeza el tema de la muerte, tan caro a tantos poetas desde la antigüedad. En este caso, con buenas intenciones pero con mala teología, el yo poético pide a Dios que acoja entre los bienaventurados a los borrachos. El poema es, sin duda, anterior a las legislaturas socialistas de principios de siglo XXI, ya que, de otra manera, habría caído bajo la prohibición de hacer apología de las drogas. La inconsciencia del poeta en este caso es digna de admirar.

Con El cantar de Mariluz aparece un nuevo personaje: Mariluz. ¿Quién es esta Mariluz? Veamos qué dice el poema: el yo poético le pide a la susodicha que apague la luz ya que no puede dormir con ella. Mariluz es, a todas luces, su mujer. ¿Tiene, pues, sueño el yo poético o finge, acaso, estar borracho para ocultar que ha tenido relaciones ilícitas con Asunción? En efecto, se sabe que “Baco es enemigo de Venus” y ello podría suponer que estar borracho es una excusa plausible para negar el débito conyugal, pero, como hemos dicho más arriba, lo que bebía en la taberna de Asunción no era vino, sino agua. Así pues el sueño o el cansancio no estarían producidos por los vapores etílicos sino por otra cosa…

 El Segundo Cantar de Thánatos nos lleva a la creencia – que aparece ya en el Alto Imperio egipcio – de que en el Más Allá se pueden disfrutar los placeres terrenales: el yo poético quiere ser enterrado con un grano de uva en el paladar. El poeta juega con la metonimia ya que el grano de uva se relaciona por contigüidad con el vino.

No obstante cabe señalar que el zumo de uva, dejado a su albedrío, no se convierte en vino, sino en vinagre. Para que el mosto se convierta en vino es necesaria la intervención de la mano del hombre. De ahí, quizás la dicotomía vino-hombre/no vino-animal y, subsidiariamente, animal= sin un real.

El poema o canción tiene otros aspectos cuyo estudio excede en mucho el propósito de estas líneas, así pues lo dejamos aquí con la esperanza de haber arrojado algo de luz sobre esta perla de la Literatura Popular que, como ya sabemos, esconde siempre más de lo que dice.

Ave.

Hoja nº 168

PRIMER CAPÍTULO DE HUELVA, LA NOVELA A LA QUE ESTOY DANDO LA ÚLTIMA MANO.

Como hacen los escritores norteamericanos, voy a colgar aquí el primer capítulo de mi novela Huelva (que escribí allá por el 1998, o sea, el siglo pasado). Me ha dado por volver a escribir mis cosas, es decir, las que no publico. Si a alguien le gustase seguir leyendo tendrá que esperar a que la publique, cosa en la que, por primera vez en mi vida, me ha dado por pensar.

La novela no empieza así, sino con un Prólogo que no puedo colgar porque da pistas…



El primer atraco

Lunes, 3 de agosto

El chico joven con pantalones cortos echa un vistazo al reloj calendario de la pared y lee 10:02, AGO 3, LUNES y escribe en el cheque la fecha y firma.

Guarda cola “Sólo dos, menos mal”   frente a la ventanilla rotulada CAJA 2 y se queda absorto con el hilo musical que emite una espantosa versión orquestal de Message in a bottle.

El cajero, con una camisa roja de cuello celeste, no se apresura con el anciano que viene a cobrar la pensión del mes pasado.

Hay cuatro empleados en el mostrador de la izquierda. El director cruza por el fondo del banco teniendo que soportar el traje azul oscuro y la corbata a rayas azules y granates sin aire acondicionado.

No hay cristales antibala en los mostradores pero, para la tranquilidad de los empleados, hay un cartel que anuncia que la caja fuerte tiene apertura retardada.

Suena el zumbador de la puerta. El Cajero1 inclina el busto hacia la derecha para ver quién es y lo que ve le tranquiliza. Es una chica como de 24 con vaqueros limpios y una camiseta que pone “La Antilla” y más abajo “ El lugar de las horas felices”. Precisamente, la mujer y los dos niños del cajero están veraneando allí. El Cajero1 ha pasado con ellos el fin de semana y se ha venido directo al banco esa misma mañana.

El Cajero 1 aprieta un botón y la puerta se abre con un chasquido.

El guardia jurado no mueve la cabeza ni un milímetro, pero vuelve los ojos hacia la puerta con los pulgares metidos en el cinturón de la cartuchera y sigue los movimientos de la chica sin pestañear.

Lleva un revólver Smith & Wesson del 38 plateado.

La chica entra; cuenta mentalmente diez clientes, mira la hora y, metiendo la mano en el bolso de tela que lleva colgado en el hombro, quita el seguro de la Beretta.

10:05

El joven que hace cola en la CAJA 2 empieza a desear que el viejo se muera o que acabe de cobrar de una vez; lo que ocurra antes. El zumbador de la puerta vuelve a sonar.

El cajero vuelve a inclinarse, ve a un tipo con traje de mil rayas con portafolios y patillas y, a pesar de ello, abre la puerta.

El guardia se envara al notar que al abrirse la puerta, otro tipo  – esta vez uno con pinta de pescador de Punta Umbría- aprovecha y entra detrás del del maletín.

“No parece que se conozcan”  piensa el guardia y se concentra en el rótulo del bar que hay enfrente del banco que dice FANTA naranja BAR “Las Gambas”.

El hilo musical emite ahora una versión mejorada de una canción de Isabel Pantoja y el viejo de la pensión se va lentamente metiendo el dinero en la funda de plástico de la cartilla de ahorros. Cuando lo logra, hace un gesto de saludo con la cabeza al vigilante y tira de la puerta con cierto esfuerzo.

Cuando ésta se cierra, el pescador despega de la cola, traspasa de un salto el mostrador y sacando de no se sabe dónde un Smith & Wesson, en este caso pavonado, grita:

- ¡Esto es un atraco!

La chica de la camiseta salta también el mostrador y abre la puerta del despacho del director con su Beretta en la mano.

Milrayas recorre con el subfusil el semiperímetro del banco, momento que aprovecha el guardia jurado para hacer un leve gesto de sacar el revólver.

Con una mirada Milrayas le disuade y los clientes, con la lección bien aprendida en diez mil películas, se echan al suelo sin atreverse a decir nada porque saben que la próxima orden será:

- ¡Silencio todo el mundo!  como ladra el pescador acto seguido.

Todo esto en 14 segundos.

El director sale ya sudando del despacho seguido de la chica, cuyos pezones son ahora claramente visibles sobre la L y después de lla.

- ¡Venga, abre la caja, tío!

El director casi va a protestar lo justo cuando descubre que la orden no es para él, sino para el tipo con pinta de pescador de Punta Umbría que se acerca a la caja y comienza a manipular sin saber qué hacer con el revólver la rueda de la combinación.

- La llave.   Dice sin volverse pero extendiendo el brazo hacia atrás.

El director, con cierta prosopopeya, extrae el llavero del bolsillo del pantalón, se lo pone en la mano y da un paso atrás con los brazos en alto. En ese momento se da cuenta de que la chica y Milrayas no le están mirando a él sino a la puerta del banco, pero desecha la tentación y, él mismo, se coloca en la línea de tiro de la Beretta.

- Ahora vamos a esperar un poquito. Así que calma.- dice Milrayas que es el jefe descaradamente.

El pescador consulta el reloj digital de la pared y saca un cigarrillo. El retardo de la apertura es de unos diez minutos.

El Cajero1 piensa en la putada que acaban de hacerle los ladrones. Al saberse que conocían la combinación, es cuestión de tiempo que descubran que ha sido él quien se la ha proporcionado. “No debería haberme mezclado con chorizos”- piensa, pero, naturalmente, ya es demasiado tarde. Entonces, se echa a llorar.

El hilo musical emite Unchained melody sin razón aparente y, sin transición, María Elena en la versión de los Indios Tabajaras.

El chico joven de pantalones cortos, desde el suelo, boca abajo y con los brazos separados del cuerpo advierte que ninguno de los malos parece nervioso y eso le tranquiliza. ”Al menos, son profesionales y no habrá tiros”, piensa.

El guardia inicia un  – cree él – imperceptible movimiento hacia su izquierda, donde hay un botón de alarma situado detrás de una columna. El joven lo nota y nota que el del traje milrayas lo ha notado también. Esconde la cara mirando al suelo y aprieta los dientes, mientras percibe que una gota de sudor se desliza desde su nuca hacia el esternocleidomastoideo de la izquierda.

Milrayas vuelve a hablar:

- Ya falta poco, tranquilos.

El hilo musical emite ahora una versión instrumental de Yesterday apenas una fracción más empalagosa que el original y el pescador la tararea mientras da la última calada al cigarrillo, lo tira al suelo y lo pisa con el gesto circular característico.

Todo va bien.

Ahora todos piensan en el cliente que debe estar al caer porque ha pasado bastante tiempo sin que entre nadie.

El pescador sigue tarareando y de repente grita:

- ¡Ya está!

10:25

La chica empuja al director, que hace todo lo posible por caer al suelo, y recoge en el aire un par de bolsas de tela gris que le tira Milrayas.

Ella y el pescador empiezan a llenarla con el dinero de la caja cuando, el cliente que estaba al caer, pulsa el zumbador de la puerta.

- ¡Rápido!  grita Milrayas mientras ve por el rabillo del ojo al vigilante que alarga la pierna hacia la columna.

El Julián le dispara una ráfaga que le alcanza en el pecho y lo empuja hacia el cartel que habla de un plan de jubilación. VIVA TRANQUILO, dice. Ya muerto, el guardia dispara su Smith & Wesson y el cristal de la puerta se hace añicos. La bala continúa en trayectoria ascendente, entra por la ventana de un cuarto piso, e impacta en el marco de una estampa del Padre Damián que está sobre la cabecera de una cama de matrimonio.

La chica y el pescador saltan el mostrador hacia fuera, traspasan la puerta hecha añicos y empiezan a correr.

El Julián mira entonces al Cajero1 y ve que tiene cara de querer estar muerto.

El Julián, sonríe peliculeramente, pone el subfusil tiro a tiro y le mete tres en la cabeza.

Despacio, el Julián abandona el banco mientras el hilo musical le acompaña con el ritmo de un indistinguible chachachá de Paul Mauriat y Su Orquesta Amaestrada.

Sólo entonces, clientes y empleados se dan cuenta del olor a cordita y a carne fresca que ha quedado en el banco.

Hoja nº 167

TERTULIA

Esta tarde, habiendo aceptado una amable petición de una compañera del instituto, he asistido a una tertulia que tiene lugar aquí en Villanueva una vez al mes.

La característica más visible de esta tertulia es que estaba – hasta hoy – formada exclusivamente por mujeres: se conoce que a los hombres no les va lo de exhibir en público sus comentarios de texto.

El libro de este mes  – que me he leído a marchas forzadas – era Una esposa fiable (o “confiable”, ya que yo lo he leído en inglés: A reliable wife), de un tal Robert Goolrick.

A mí no me ha gustado mucho (ni ha dejado de gustarme, de hecho), pero es que yo soy un lector de colmillo retorcido para las novelas, especialmente las que tienen trama medio policial o, digámoslo así, donde hay subtramas ocultas. Lo interesante de la tertulia ha sido oír los comentarios de las tertulianas: todos muy puestos en razón e interesantes y, a mayor abundamiento, sentados todos alrededor de una mesa camilla con faldas y brasero y bebiendo té.

He hecho lo que podido y he hablado (que es lo que más me gusta) de generalidades: el tema religioso subyacente, el subgénero literario al que adscribirla, el realismo y la verosimilitud y esas cosas…

La casa (porque es una casa) en donde se desarrollan estas tertulias es maravillosa: no habitada, aunque en buen uso, con muebles antiguos de madera torneada, mil imágenes religiosas (sanantonios, una pietà, sanfranciscos, papas…), fantasmal en suma.

Hemos quedado en leer para la siguiente algo (no he conseguido entender el título) de una tal Gioconda Belli, de quien, por sus fotos, me temo lo peor.

Hoja nº 166

ZOMBIS Y VAMPIROS

Venía yo conduciendo desde Guadalajara hacia Villanueva y se me ocurrió, en vez de funky y Bach, escuchar la radio. Le di al botón y salió una emisora en la que hablaban y me quedé. No recuerdo de qué emisora se trataba pero hablaban de zombis y vampiros. Jálouin, ya sabéis…

Cambié de emisora y en la segunda estaban hablando de zombis y vampiros. Una tercera vez cambié y, sí, hablaban de zombis y vampiros. En este caso se trataba de Radio1. Me quedé en ella.

Una simpática reportera, locutora o lo que fuera estaba en una larga lista de famosos-cosas dilucidando si eran zombis o vampiros. Ejemplo: Bill Gates, zombi; Steve Jacobs, vampiro. Barça, vampiro, pero Messi, zombi, etc.

Poco a poco fui entendiendo (aunque me temo que ella no) que vampiro=elegante, guapo / zombi= pringado, hortera, vulgar.

En realidad la c0sa es un poco así, aunque yo prefiero verla por sus orígenes: vampiro=aristócrata (el Conde Drácula, ya saben) y zombis= proletarios (mal vestidos, hambrientos…). Efectivamente, alguien ha dicho que los zombis son el icono de la crisis. De esta crisis, o sea, La Crisis.

Desgraciadamente, a nadie de la tertulia se le ocurrió que los zombis (igual que los vampiros) no son lo que eran. En origen eran un invento del vudú y, entre otras cosas, su leyenda fue usada por Papa Doc y sus Tonton Macoute para mantener aterrorizados a los pobres haitianos.

Fue George A. Romero (los cinéfilos me corregirán, ya sé que antes de La noche de los muertos vivientes, había habido pelis de zombis, pero eran cosa vudú) el que creó unos zombis no por el vudú, sino por un invento muy malo que habían hecho unos malvados científicos del mundo. Visten con harapos y tienen hambre siempre. O sea, que sí que son proletarios o conejillos de indias, que viene a ser igual. Y se comen a los vivos, por más señas: como si lucharan por un puesto de trabajo.

Los vampiros tampoco son lo que eran: siguen siendo guaperas y místicos y visten como yo, de negro, aunque de marcas más caras. Lo mío es de Zara y El Corte Inglés. Además ya no les afecta el sol y matarlos con una estaca en el corazón sería una grosería. O sea que sí son aristocráticos, digamos. Y se ligan a chatis guapas, aunque sin tetas.

La mayor diferencia entre ellos es que puedes acabar con los vampiros si te empeñas, pero no con los zombis: ya puedes matar a 500.000 que salen otros 500.000 en tropel de los cementerios, con sangre en la comisura de los labios y todo. Eso sí, son lentos.

Vamos, que los zombis parecen indignados. Lástima que no salgan más de las tumbas donde creen que viven.

Hoja nº 165

DON JUAN TENORIO VS JÁLOUIN

Este fin de semana apontonado he ido a Guadalajara a ver El Tenorio Mendocino, que es una representación del Tenorio que se hace recorriendo (el público debe seguir la acción) los palacios de la familia Mendoza (uno de ellos fue el Marqués de Santillana, el de la vaquera de la Finojosa y otras historias falsísimas) que hay por Guadalajara.

Los intérpretes son aficionados de la ciudad (cerca de 150, me pareció) y la dirección, siento decirlo, también.

Me emocionó ver a tanta gente haciendo un trabajo tan duro por el mero amor al teatro.

Durante años, el Tenorio era la tradición más arraigada del 1 de noviembre (fuera de lo de los muertos, claro) y casi no había persona adulta que no se supìese -  a fuerza de haberlos escuchado – alguna tirada de los espantosamente maravillosos ripios de Zorrilla.

En los bares del recorrido, sin embargo, no había más que gente disfrazada de zombi, vampiro y muerto en general que, en lugar de ver el Tenorio, bebía cerveza y oía música cuántica. Una amiga entró en un bar de estos a comprar una cola y un tipo disfrazado de muerto que estaba a su lado comentó: “¡Joder, me tenía que haber disfrazado de Amy Winehouse!” y lo dijo con pesar.

Otra cosa más que se nos ha perdido por el camino a Nueva York…

Las p academias de inglés tienen la culpa de esa moda espuria y gilipollas, que es, según le escuché a alguien en la radio, como si corriesen los sanfermines en Oklahoma.

NOTA: Me dije a mí mismo que si veía a algún niño vestido de Spiderman o zombi viniendo hacia mí con intención de decirme la frase de marras, me adelantaría a él/ellos y les diría: “¡¿Truco o trato? Dame 100 gramos de jamón ibérico o te doy con un libro en la cabeza!”. Añadiría, además, que Jálouin no existe; es como Santa Claus.

La próxima Hoja versará sobre zombis y vampiros, que es una cosa que cada vez me hace menos gracia.

Hoja nº 164

EL PASADO ILUSORIO O DE MIS RAREZAS

Creo que en alguna ocasión he escrito sobre el extraño caso del pasado que se fabrica la gente (yo mismo, pero menos, ya que soy consciente de ello): recuerdo con precisión cómo los Beatles no les gustaban a casi ninguno de mis amigos, aunque ahora son beatlemanos de toda la vida; recuerdo cómo contra Franco no había casi nadie (por miedo o por conveniencia), aunque ahora para encontrar franquistas hay que sintonizar Intereconomía (¿para cuándo, por cierto, una invitación de esta cadena para debatir por qué la derecha ha de ser meapilas o, mismamente, católica?); recuerdo que era herejía decir que Visconti era inaguantable o que te gustaba Clint Eastwood, que es, por cierto, uno de los peores actores del mundo pero que tiene eso que con mala teología podríamos llamar carisma; recuerdo (me lo ha recordado hace poco Óscar, un amigo recuperado) que yo debía de ser el único intelectual (con perdón) al que le gustaban las películas de Bruce Lee y que odiaba, a su vez, las de Liliana Cavani, la inapelable directora de Milarepa.

O sea, que a cualquier tipo de mi cuerda le preguntas ahora y te dice que le gustaban los Beatles, Clint Eastwood, que Visconti era aburrido aunque estético, que fueron antifranquistas (en la intimidad, supongo) y que disfrutaba mucho con las películas de kárate (Incidentalmente, Bruce Lee, jamás practicó kárate, sino un Kung Fu de su invención al que llamó Jet Kune Do).

La memoria no solo es frágil, sino mentirosa, ya que está hecha de palabras: es una novela.

Casi todos los males provienen del uso del Pretérito Imperfecto de indicativo (una acción continuada en el pasado) al contar las cosas: “Yo iba con ropa hippy”, frase que implica que el tipo en cuestión vestía habitualmente con pantalones de flores, casaca y que no se duchaba, debe traducirse por: “Una vez tuve un pantalón de color violeta” y que se lo puso poco.

NOTA: Me gustaría encontrar la grabación de la rueda de prensa que dieron los Beatles cuando llegaron a España con la montera puesta. Si mi memoria no me traiciona, lo que no descarto, (casi) todas las preguntas que les hicieron los periodistas de la época ( imaginaos: ¡1965!) fueron sobre sus pelos.

Hoja nº 163

Fama qui volat

Llevo apenas 20 días en Villanueva y, con el cuento de que refundo La mandrágora el día 20 de agosto, me han hecho ya varias entrevistas en prensa, radio y televisión.

Esperemos que el acto del día 20, o quizás, del 18 de agosto atraiga a gente que quiera hacer un teatro distinto a lo que se lleva por aquí, pero también por ahí.

Me estimula trabajar con adultos (¡desnudos, lenguaje soez, temas comprometidos, etc.! O sea, lo mío…).

Ya tengo montaje previsto para diciembre: se llamará “Programa doble” y, desgraciadamente, no puedo contaros nada de él salvo que vuelvo a Valle-Inclán y uso eso que se llama metateatro.

Hoja nº 162

RONDA-JÚZCAR

Júzcar es un pueblo de la sierra malagueña que ha saltado a la fama por haber sido nombrado primer “Pueblo Pitufo” del mundo (sic).

Hace unos días fuimos a Ronda a visitar a mis amigos Emilio y Mercedes y, a falta de algo mejor que hacer, una tarde nos dio por ir a Júzcar.

Fue uno de esos viajes extraños: efectivamente, en medio de un bosque de castaños, el pueblo está pintado de azul pitufo y había un señor muy malamente disfrazado de Gargamel que tenía un bar y se hacía fotos con los niños. El pueblo estaba bastante lleno de turistas como nosotros y los nativos que vimos estaban muy imbuidos de su papel pitúfico.

También había una casa – la única que vimos en el pueblo – no pintada de azul: seguramente la del raro e insociable; igual un intelectual… Mi corazón está con él.

La cosa acabó mejor de lo esperado: en uno de los bares del pueblo había una exposición de pintura, digamos, y nos invitaron al vernissage donde nos dieron mal vino y buen comer. Había cuadros y carteles con los precios de los cuadros. Los carteles mostraban una notable ignorancia del valor de mercado de un cuadro (había uno que costaba 1.500 €, por ejemplo); los cuadros mostraban, a su vez, una notable ignorancia del arte de la pintura.

Para acabar de rematar el bonito atardecer, una nube de muchachas vestidas de pitufas irrumpieron en el vernissage. Resultaron ser las invitadas a una despedida de soltera llegadas de diversos puntos de la geografía española, como escriben y dicen los imbéciles.

Lo único malo es que los trajes de pitufa no son especialmente sexis; de haberlo sido, hubiera sido una final de tarde más estimulante.

Lo más importante es que estuvimos con mis amigos, charlamos mucho, nos lo pasamos muy bien y, además, fuimos al “Lechuguita”.

Hoja nº 161

VILLANUEVA: EL SÁBADO ESTOY AHÍ.

Hoja nº 160

HISTORIA, FUENTES, TORTILLA DE PATATAS…

Una de las razones por las que nunca me ha gustado la Historia (habría que discutir a qué llamamos “Historia”, pero ello excede en mucho mi propósito) es que nunca acaba de estar claro cuál es la fuente (y si es espuria o no) de una u otra información que se ha transmitido a través de las sucesivas “Historias” escritas.

Viene esto a cuento de que, dado mi inminente traslado a Villanueva de la Serena, he estado buscando cosas sobre el pueblo y, dos de ellas, han atraído mi atención: la primera es sobre el origen de la tortilla de patatas y la segunda sobre Pedro de Valdivia, conquistador de Chile o fundador de Santiago, como se prefiera, y epónimo, por más señas, de mi nuevo instituto.

Pues bien, si echáis un vistazo a los resultados proveídos por Google sobre “tortilla de patatas” veréis que hay varios orígenes plausibles: desde un “memorial de ratonera” navarro de 1817, dos versiones protagonizadas por el general Zumalacárregui (a cuál más insulsa) y, finalmente, la de Javier López Linaje (o Linage) del CSIC que es la que señala a Villanueva como cuna de la tortilla de patatas.

No he leído el libro donde se encuentra tal afirmación. Se llama La patata en España. Historia y Agroecología del Tubérculo Andino y eso ya desanima a cualquiera aunque, creedme, mi interés por dicho plato me lo hace apetitoso.

Por supuesto seguimos sin tener la menor idea de cuándo, quién y cómo se elaboró por primera vez: faltan las fuentes.

Incidentalmente, debo decir que varios escritos sobre el origen de esa cosa tan rica se remontan a los siglos XV y XVI buscando antecedentes (esa estúpida costumbre de la universidad española) del plato en cuestión. Obviamente, se sabe que no había patatas en Europa ni gallinas en América antes de la llegada de los españoles, pero es cierto que los incas (llamémosles así) podrían haberla hecho de huevos de alguna otra ave. No parece que fuera el caso.

Sobre Pedro de Valdivia me ha molestado de nuevo el que no haya manera ni de saber de quién era hijo. Aunque, seguramente, era hijo de alguien. O de algo, como se decía entonces.

(No he podido resistir la tentación)

P.S. Debo decir que la proclamación de Villanueva como cuna de la tortilla española no ha provocado que en el pueblo se haya encendido una batalla de emulación para ver quién la hace mejor: la que se encuentra en los bares es tan buena o tan mala como la de cualquier otro sitio de España. O del mundo, que yo la probé en Dresde y estaba buena.