¡En buena hora me hice de Facebook!
Un grupo de alumnos han creado (o un alumno, no lo sé) una página (no sé el nombre técnico) a partir de una frase mía. No la recuerdo específicamente, pero tiene visos de verosimilitud y la causa es noble:
¡En buena hora me hice de Facebook!
Un grupo de alumnos han creado (o un alumno, no lo sé) una página (no sé el nombre técnico) a partir de una frase mía. No la recuerdo específicamente, pero tiene visos de verosimilitud y la causa es noble:
He empezado a releer Flim-Flam, de James Randi (Prometheus Books, 9ª ed. 1987). El título puede traducirse como “estafa, timo” y habla de (y cito): “psíquicos, percepción extrasensorial, unicornios y otros engaños”. Fue publicado originalmente en 1982, pero, sin embargo, su actualidad es plena.
No hago más que encontrarme con gente que cree en unicornios o la PES (percepción extrasensorial): para muchos de mis alumnos (y compañeros) el Bigfoot es un hecho, la homeopatía es ciencia de vanguardia, Uri Geller doblaba cucharas con la mente (”El truco es que no hay cuchara”, ¿recuerdan?), la precognición se produce a diario y, en el horóscopo, algo hay…
Parece, no obstante, que ha perdido fuerza el furor OVNI, aunque, eso sí, los extraterrestres son verdes, bajitos, cabezones y con grandes ojos negros. ¡Hay que ver cómo cala la cosa de Spielberg!
Hay refranes que me enfadan con un tipo de enfado distinto a cualquier otro tipo.
No sé, exactamente, la razón por la que me ocurre eso, pero puedo aventurar que es porque, en general, describen un mundo reaccionario, meapilas, desconfiado, agrario…
No ignoro que, por cada refrán que afirma, hay otro que niega; incluso hay un refrán sobre eso: “Para todo mal, un refrán, y, para todo bien, también”. No obstante, esta observación es empírica y poco sistemática. ¡A saber si hay un refrán contrario a aquel que dice “A buen hambre, no hay pan duro.”!
Me enfadan especialmente los siguientes:
Cuando el río suena, agua lleva.
La mujer, con la pata quebrada y en casa.
Piensa mal, y acertarás. (Y eso que, a veces…)
A la fuerza, no hay razón que venza. (Me fastidia porque es verdad)
A buena mujer, poco freno basta. (¿Por qué solo a la buena mujer? ¿Y el hombre?)
Hay otros, sin embargo, cuya sutileza es extraordinaria:
Quien bien tiene y mal escoge, del mal que le venga no se enoje.
A “creique” y “penseque” los ahorcaron en Madrid.
Al buen segador, nunca se le olvida la hoz.
(Pienso en él cada vez que algún alumno viene a clase sin libro…)
El primo a la prima se arrima… y si es prima hermana, con más ganas.
(A mí la cosa del incesto, nunca me parecido tan mal…Eso sí, nunca he tenido ocasión de practicarlo)
(Gracias a Rocío, que me lo descubrió; no lo del incesto, el refrán).
Podríamos escribir muchas páginas sobre refranes. La cosa es: ¿nos sirven para obrar? Si alguien se guía por los refranes, ¿acierta en sus decisiones? ¿Lloverá en Bombay?
AFORISMOS, PENSAMIENTOS Y MAGNOLIAS
(Contestando a un comentario de Sarastro en la Hoja anterior)
Aparte de agradecer los consejos de Sarastro sobre el aparataje y las instrucciones para liar cigarrillos, algo en lo que, sin duda, soy un absoluto ignorante, quisiera hacer notar que me resulta curioso no haber hablado apenas de drogas en estas Hojas.
Hay pocas cosas que pertenezcan a la Realidad más que las drogas. Pues bien, debo decir, para empezar, que nunca consumo drogas ilegales: no paso del tabaco y de los alcoholes de alta graduación: mi afamado (entre mis amistades) orujo macerado con higos pajareros (69º) y los más accesibles Matusalem o Barceló Imperial, MacCallan o Lagavullin y, por supuesto, los vinos, de entre los que me permito recomendar (si podéis encontrarlo) el Habla en cualquiera de sus variedades: Habla del Silencio, y los números 2 , 3, 4, 5, ó 7.
¿Tengo algo en contra de las drogas? Sí. No me gustan.
Cuando era joven fumé hachís y marihuana, pero, las pocas veces que lo hice, o no me produjeron efecto alguno o me produjeron efectos que no me gustaron en absoluto. Yo entonces lo atribuí a que mi cerebro debe de producir endorfinas en grado extremo y estoy, por ello, natural y permanentemente emporrado.
He notado con el paso de los años, al ver a mis amigos consumidores habituales de porros, que probablemente, estos no sean demasiado nocivos para la salud pero que, sin duda, agilipollan bastante.
De las otras drogas ni hablo. Como decía Woody Allen: “El cerebro es mi segundo órgano favorito” . Y yo disfruto mucho de mis órganos a pleno rendimiento.
A lot of the people who read a bestselling novel, for example, do not read much other fiction. By contrast, the audience for an obscure novel is largely composed of people who read a lot. That means the least popular books are judged by people who have the highest standards, while the most popular are judged by people who literally do not know any better. An American who read just one book this year was disproportionately likely to have read ‘The Lost Symbol’, by Dan Brown. He almost certainly liked it.
— The Economist (via mudd up, peterwknox)
(Traducción en la que he hecho lo que he podido…)
Muchas de las personas que leen bestsellers, por ejemplo, no leen otro tipo de literatura de ficción. Por el contrario, los lectores de una novela minoritaria son, en gran parte, gente que lee mucho.
Eso significa que los libros menos populares son juzgados por la gente que tiene el nivel más alto, mientras que los libros más populares son juzgados por gente que no conoce, literalmente, nada mejor. Hay una desproporcionada posibilidad de que el único libro que hubiera leído un norteamericano este año, haya sido `El símbolo perdido’, de Dan Brown.
Casi con total seguridad, le gustó.
Hoy hemos leído en clase la fábula El cuervo y el zorro, de Samaniego: un texto destinado a niños y jóvenes; un texto que, hace treinta años, era perfectamente comprensible ha pasado a ser – ¡en solo treinta años! – un texto chino. Lo mismo me ocurrió hace unos años cuando leímos en clase algunos pasajes de Platero y yo: sin mis explicaciones no hubieran entendido ni una tercera parte del vocabulario.
Según observo, ante el despliegue insolente de ignorancia que exhiben jóvenes y no tan jóvenes, la gente como yo suele adoptar una de estas dos posiciones:
a) No darle tanta importancia ya que esas cosas (la cultura clásica, digamos) no es necesaria para vivir en la modernidad. O
b) Lamentarse del futuro que nos espera y entonar el O tempora , o mores!
Mi discurso, sin embargo, es más ortodoxo (vale decir marxista): para mí solo es pecado ser inculto si eres pobre. Y llamo pobres a todos aquellos que vivimos de un sueldo.
Los ricos no suelen equivocarse de rumbo y sus hijos se preparan en fantásticos colegios privados para heredar la tierra o el bufete o la fábrica de papá.
Los pobres se conforman con un sistema que les aprueba sin esfuerzo. Que les concede títulos sin saber nada de nada.
A los pobres nos ha costado mucho arrancarle al poder el poder acceder a la educación: a algunos nos ha permitido llevar una vida parecida a la que habíamos soñado; por eso, solo llamo gilipollas a los pobres que, pudiendo utilizarlos, desprecian los estrechos resquicios que les deja el sistema.
Pero, en realidad, tampoco es tan grave: al fin y al cabo, solo se trata de crear consumidores de cosas inútiles.
O sea, que no soy del todo apocalíptico. Solo estoy cabreado.
- Dime, niño, ¿de quién eres
todo vestido de blanco?
- Soy de la Virgen María
y del Espíritu Santo!
Resuenen con alegría
los cánticos de mi tierra
y viva el niño de Dios
que ha nacido en Nochebuena!
Una persona nacionalista ve a un niño vestido de blanco y le pregunta que de quién es y el niño le viene a decir que su padre biológico es el Espíritu Santo, su madre, una virgen y que tiene un padrastro que es carpintero.
Al oír esa historia de familia desestructurada, a ese alguien no le da por otra cosa que por dar vivas al niño y a pedir que resuenen los cánticos de su tierra. Lamentable.